Posteado por: Silvia Ochoa | marzo 10, 2014

Aprendiendo a ser padres de hijos tecnológicos, CON LÍMITES

La presión de los hijos por acceder a los smartphonestablets, pone a los padres en dilemas que debemos aprender a resolver: ¿a partir de qué edad?, ¿para qué se usará?, ¿qué restricciones tendrá?.  Mi observación de madre y psicoterapeuta de familias me alerta sobre las situaciones en que los niños y adolescentes reciben este “regalo”, con la idea de derecho pleno de su generación y sin que los padres regulen formativamente el uso y los límites que debieran considerar. Sin embargo, ésta puede y debe ser una experiencia educativa para los hijos, ya que les entrega una herramienta de comunicación que requiere de uso responsable. Establecer parámetros y orientaciones a nuestros hijos menores de edad, es un aspecto que debemos asumir para ayudarlos a ser responsables y autónomos.

Me encontraba en estas reflexiones cuando encontré la historia de Janell Burley Hofmann, editora del “The Huffington Post”. Ella le entregó un iphone a su hijo de 13 años, pero para usarlo, debía cumplir con un contrato de 18 reglas que he adaptado para compartirlo con ustedes y puedan seguir mejorando y adaptando a la edad y condiciones de vida, pero puede ser un punto de partida en nuestro aprendizaje de padres de hijos de comunicación tecnológica.

A continuación, los términos del contrato:

1. Es mi teléfono. Yo lo compré. Yo lo pago. Yo te lo presto.

2. Yo siempre sabré la contraseña.

3. Si suena, contéstalo. Di «hola». Sé educado. Responde siempre la llamada de mamá y papá.

4. Entrega el teléfono al acostarte y déjalo apagado toda la noche. Se volverá a encender a las 7:00 de la mañana para respetar el sueño de todos.

5. A veces conviene dejar el iPhone en casa. Siéntete seguro de esa decisión. No es un ser vivo ni una ninguna extensión de tu cuerpo. Aprende a vivir sin él. Tienes que vencer el miedo a perderte algo y a estar siempre conectado.

6. Solo llevarás el celular al colegio cuando sea necesario: los paseos, las actividades extraescolares y otras coordinaciones. Conversa y habla con la gente y con tus amigos en persona.

7. Si el celular/iPhone se cae, se golpea o se estropea, tú eres el responsable. Por tanto, asumirás los costos de la sustitución o de la reparación. Para ello ahorra dinero de tu cumpleaños o realiza otros trabajos en casa, porque si se rompe, tendrás que estar preparado.

8. No uses el celular/iPhone para mentir, hacer tonterías o engañar a otro ser humano. No te involucres en conversaciones que sean dañinas para los demás. Sé un buen amigo.

9. No envíes mensajes, correos electrónicos o digas nada a través del smartphone que no dirías en persona y en voz alta.

10. Busca en la web información que compartirías abiertamente, no pornografía. Si tienes alguna duda sobre algo, pregunta a una persona confiable.

11. Apágalo o siléncialo cuando te encuentres en lugares públicos. Especialmente en restaurantes, en el cine o mientras hablas con otro ser humano. No eres una persona maleducada, no dejes que el iPhone/celular cambie eso.

12. No envíes ni recibas imágenes íntimas tuyas ni de otras personas. No te rías. Algún día estarás tentado de hacerlo, a pesar de tu gran inteligencia. Es arriesgado y puede arruinar tu vida de adolescente, joven y adulto. Es siempre una mala idea. El ciberespacio es más poderoso que tú. Y es difícil hacer que algo de esa magnitud desaparezca, incluyendo una mala reputación.

13. No hagas millones de fotos o vídeos. No hay necesidad de documentar todo. Vive tus experiencias. Quedarán almacenas en tu memoria para toda la eternidad.

14. Baja música que sea nueva o diferente de la que millones de chicos como tú escuchan, que es siempre lo mismo. Tu generación tiene mayor acceso a la música que cualquier otra de la historia. Aprovéchalo y  expande tu horizonte.

15. Mantén tus ojos abiertos. Observa el mundo que te rodea. Mira por la ventana. Escucha a los pájaros. Date un paseo. Habla con un desconocido. Pregúntate si es necesario buscar en Google.

16. Meterás la pata. Te quitaré el teléfono. Nos sentaremos y hablaremos sobre ello. Volveremos a empezar. Tú y yo siempre estamos aprendiendo. Somos un equipo. Estamos juntos en esto. Espero que estés de acuerdo con estos términos.

Muchas de las lecciones que están en el contrato no aplican solo para el celular/ iphone, si no para la vida diaria, se trata de la ética de la convivencia con la tecnología.Imagen

Posteado por: Silvia Ochoa | junio 20, 2013

Bullying entre mujeres

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“A pesar de ser una alumna cumplida y tratar de ser amable con sus compañeras, Cecilia pasa sola los recreos y sus amigas de antes la ignoran, ya no la invitan a jugar y percibe que hablan a sus espaldas. Ella se siente desconcertada porque esta actitud comenzó cuando la maestra la felicitó en clase. Ha empezado a poner excusas para no ir al colegio para evitarlas. Cree que si habla con la profesora la reacción de sus compañeras va a ser peor”.

¿Por qué las relaciones entre mujeres son tan intensas?

Las relaciones entre mujeres no son tan fáciles ni están tan desproblematizadas como nos gustaría, detrás de su apariencia de amistad, es posible encontrar un sinfín de embrollos emocionales, de efectos devastadores para las relaciones de unas mujeres con otras. Muchas mujeres descubren con dolor sus sentimientos de competencia y de envidia, pero que éstos: “parecen demasiado feos, demasiado inaceptables para hablar de ellos”, y terminan por generar una culpa paralizante.

Las mujeres son educadas para desarrollar unas “antenas emocionales”, que les permiten tomar conciencia de los sentimientos y necesidades de los demás. Esto sería muy positivo, sino fuera porque las mujeres pagan un alto costo personal por aprender a postergar sus deseos e interiorizan que hay actitudes que deben rechazar, como tener iniciativa, ser autónoma y sobresalir entre los demás. De hecho, estas actitudes no se estimulan en la mayoría de las mujeres, a pesar de los muchos cambios que se han dado en la condición femenina. En otros casos, percibir las emociones de las demás también es un arma para atacarlas, porque se conoce la vulnerabilidad, y disminuida la competencia de la mujer que sobresale, se puede aliviar la sensación de ser opacada por las cualidades de otra mujer.

“Las mujeres necesitan el apoyo y el permiso de las demás mujeres para lograr la autonomía y la autorrealización que persiguen”. [i]En el estudio desarrollado con mujeres de distintas edades, se observó que no obstante, mantener la solidaridad con otras mujeres al tiempo que se aprende a convivir como seres independientes representa un enorme desafío a la psicología femenina, pues esto genera una fuerte tensión entre el impulso de evitar a exponerse públicamente, porque genera conflictos con las demás, y el impulso de diferenciarnos, que se vuelve más fuerte en la medida en que hay más mujeres dispuestas a hacer realidad sus sueños.

Envidia y competencia entre mujeres

Al contrario de lo que suele pensarse, las mujeres no son más envidiosas y competitivas que los hombres. Lo que sucede, es que la mujer puede tener problemas para reconocer sus propias necesidades y deseos, “se asusta” cuando ve que otra mujer sí es capaz de hacerlo. La envidia femenina es una muestra de: “hasta qué punto las mujeres viven sus anhelos y deseos en forma conflictiva”, No es tanto el que las mujeres sean envidiosas, sino que la envidia sirve para inmovilizarnos”, es decir, para perpetuar el viejo pacto según el cual “calladitas nos vemos más bonitas”. Reconocer que a la mayoría de las mujeres no se les permite mostrar sus emociones negativas y su desarrollo pleno, nos permite entender por qué la realización de una mujer, puede ser vivida como una traición por parte de otra.

El sentimiento de envidia suele ir acompañado también de impulsos de competitividad, los cuales pueden ser una manifestación de sentimientos de insuficiencia y falta de confianza, aunque también pueden ser un signo de salud mental, pues pueden estar expresando: “la energía que impulsa a las mujeres hacia la vida, hacia la autorrealización, hacia la diferencia y el derecho a ser ellas mismas”. Así, la competencia entre mujeres puede adquirir tres formas: (1) una lucha por el reconocimiento externo, (2) la competencia como forma de encubrir sentimientos de insuficiencia, y (3) la competencia como parte de un intento para establecer una identidad separada. Esta última forma de vivir la competencia es sana en la medida en que nos ayuda a autoafirmarnos y a ser distintas, pues a final de cuentas todas tenemos derecho a aspirar al reconocimiento, a luchar por realizarnos y a ser vistas como seres individuales, Se trata, de tomar el ejemplo de quienes han logrado cosas que nos gustaría alcanzar para aprender de esa experiencia y satisfacer nuestros anhelos personales[ii].

 ¿Por qué las chicas se hostigan unas a otras?

Nuestra cultura niega a las mujeres el acceso al conflicto abierto y conduce su agresión a formas no físicas: la exclusión, los rumores, los apodos y la manipulación para infligir dolor psicológico.

Las mujeres se esconden bajo un manto de dulzura para herirse unas a otras en secreto. Algunas niñas se comportan como ángeles delante de los maestros, y cuando hacen algo malo los maestros no lo creen porque nunca las han visto hacerlo. Las mujeres suelen atacar dentro de redes de amigas muy cercanas, volviendo la agresión más difícil de identificar e intensificando el daño a las víctimas. Es algo que conocen mujeres de todas las edades. Casi todas hemos sido testigos, víctimas o agresoras.

“Veinte años después de terminado el colegio en la reunión de ex-alumnas, no todos los encuentros son de alegría, todas quieren sobresalir, brillar, hablar, mostrar sus logros, ser reconocidas. El único problema, es que para ello, todavía se intenta opacar y hablar sutilmente mal de las demás con algún comentario mordaz”.

Manejando tus sentimientos

Es casi imposible que una mujer no haya tenido nunca sentimientos de envidia o competencia hacia otra, aunque el problema radica justamente en reconocer esos sentimientos y abrir un espacio para reflexionar sobre ellos. Debido a que nos han enseñado a negar nuestros deseos, a las mujeres nos resulta muy difícil admitir los sentimientos de envidia y competencia, pero aceptar esos sentimientos nos da una dimensión más real de lo que en realidad somos.

Tratar de hablar con franqueza con las amigas o compañeras de trabajo que nos generan esos sentimientos, puede ser complicado porque no estamos acostumbradas a este ejercicio, pero es preciso hacerlo porque si no sacamos a la luz nuestras diferencias, nunca saldremos del vínculo de fusión que nos ha inmovilizado durante tanto tiempo.

Un ventaja adicional que plantea hablar con claridad de estos temas es que podemos salvar relaciones que de otra forma podrían desaprovecharse y, a veces, perder una buena amiga o una colega en el trabajo puede ser mucho más costoso en términos emocionales que perder a todo un equipo. La empatía es una buena aliada en estos casos.

Hay que tener presente que las mujeres estamos construyendo nuevas formas de relacionarnos entre nosotras, pero también con el mundo, lo que significa que en la actualidad no todas tenemos las mismas opiniones o expectativas sobre una serie de temas típicamente “femeninos” como las relaciones con los hombres, la familia, la crianza de los hijos, etc. Comenzar a aceptar las diferencias de opinión en los asuntos privados y también en el trabajo nos ayudará a fortalecer nuestra individualización, de la cual depende que logremos lo que nos hemos propuesto en la vida.


[i] Simmons Rachel (2006) Enemigas íntimas. Agresividad, manipulación y abuso entre las niñas y las adolescentes. México: Oceano.

[ii] Susie Orbach y Luise Eichenbaum, Agridulce: El amor, la envidia y la competencia en la amistad entre mujeres. México: Grijalbo.

Posteado por: Silvia Ochoa | mayo 28, 2013

PAPA, MAMA, ¿VAMOS A JUGAR? -EL JUEGO ENTRE DOS GENERACIONES-

Es conocida y frecuente la recomendación que dirigen a los padres, los especialistas en temas de infancia, para que ellos dediquen tiempo al juego con sus hijos, explicando que así, el niño  tendrá experiencias esenciales para su desarrollo mental y emocional. Tal vez por ello en el “perfil del buen padre y madre”, se ha incorporado la tarea de pasar algún tiempo jugando con sus hijos todas las semanas. Sin embargo observo que la propuesta: “¿mami, papi, podemos jugar?, a veces despierta en el padre y/o la madre cierta incomodidad por estar muy atareados, cansados o no saber cómo hacerlo, y es entonces que se genera una cierta de tensión por tener que jugar por deber, obligación o culpa. En estos casos, es frecuente ver cómo los adultos pretendemos “cumplir” haciendo la concesión de jugar, pero continuamos dirigiendo al niño en su espacio de juego, para ello nos valemos de un juguete didáctico u otro para guiar una actividad,  y así cumplir con el mandato, sin dejar nuestro rol adulto de dirigir al niño y luego volver a nuestras obligaciones. Sin embargo, sin disfrute en el juego, sin  compromiso emocional, no hay encuentro posible entre padres e hijos a través del juego. ¿Qué significa jugar para los niños?, ¿qué significa jugar para los padres?,¿qué dificultades sentimos los adultos en relación al juego infantil?. Sobre estos asuntos les propongo reflexionar.

¿Qué significa para los niños, jugar con sus padres?

A medida que crecen los bebés, descubren y se vinculan consigo mismos y con su entorno: observan sus manos, sus pies, rayos de sol que entran por la ventana. Al mismo tiempo que descubren sonidos, balbucean y se hablan a sí mismos. De estas actividades libres nace el juego como un fenómeno natural, que surge espontáneamente en el desarrollo infantil de los humanos, pero también mamíferos y de algunas aves.[1].

Cuando un padre o madre está involucrado con su bebé – sonriéndole, creando sonidos, haciendo reír al bebé – se convierten en el “primer juguete grande del bebé”. Padres que disfrutan de un contacto estrecho con sus bebés establecen un vínculo emocional al que el bebé aprende a responder. A través de estos intercambios, el niño descubre con placer a personas y  del medio ambiente a su alrededor. Pero, ¿qué pasa si un adulto no ve las necesidades del niño y le impone un tipo de juego y no sigue los intereses del mismo?. Si el adulto se impone en este espacio, no le permite al niño o niña usar su espacio de juego con libertad para descubrir y transformarse.

Cuando jugamos nos transformamos y establecemos un espacio ficticio en el que dos generaciones pueden “igualarse” y dejarse llevar por reglas y acuerdos creados para jugar: “Ahora yo voy a ser tu mamá y tú vas a ser mi hijita que me ayuda” le decía la pequeña Sofía a su mamá. Que enorme desafío emocional para un adulto, dejar de tener el control total, atreverse a dejar llevar por un momento,  jugar al “cómo si” y apostar a que soy un personaje determinado,  creer que el  otro, el espacio y el tiempo también se transforman. En el juego, el niño y la niña creen en su transformación y en lo que pueden lograr, a partir de allí, se van creando a sí mismos y van creciendo. Pero para que esto sea posible, es necesario que alguien que acompañe, otro que crea en la transformación y permitan con su mirada, con su actitud y con su palabra que se abran espacios, que se permitan y que no inhiban esa apuesta de quien quiere jugar. Es allí que el vínculo y la cercanía con los padres, los posiciona en un espacio privilegiado, como los primeros compañeros de juego de los niños y los que acompañaran sus primeras experiencias lúdicas de placer y descubrimiento.

Al jugar el niño (y el adulto) crean y a su vez se crean a sí mismos. Cada jugador puede diferenciarse y por lo tanto, “dibujarse a sí mismo”, jugar su propio juego. Al jugar “creen” que pueden ser un personaje, lograr cierta meta, construir puentes y deslizar los autos, aun cuando desde un  punto de vista estrictamente físico, no resista el peso. Existe cierta “irracionalidad”, donde hay  conexiones y ‘realidades’ que no resisten un análisis lógico, sin embargo son muy serios. Si ambas generaciones no se toman en serio el juego, se destruye ya que para jugar deben construir nuevos personajes, estructuras, movimientos. De esta manera, a través del juego, se recorta de la vida corriente, se cambian las reglas cotidianas y se construye un nuevo orden. Si tenemos en cuenta que el deseo es el motor del juego, en los adultos la primera encrucijada es que acepten jugar, que se arriesguen y se expongan a dejar el control de la vida diaria y dejarse llevar por nuevas reglas, creadas durante el juego.

Un padre y una madre que juegan con sus hijos, tienen el privilegio de conocer su proceso de desarrollo, las formas en que se sienten frustrados, sus niveles de tolerancia y la curiosidad y respuestas creativas. Esto no significa que en el juego todas las escenas que surjan son maravillosas y sin ‘problemas’, es precisamente en ese espacio que pueden surgir los conflictos más severos, los diálogos menos deseados.

En mi observación de vínculo de juego en la familia, pareciera que jugar con los bebés es espontaneo y frecuente en la interacción familiar, sin embargo, cuando los niños pequeños aprenden a ejercer su voluntad y se resisten a ser guiados siempre por los padres, las tensiones empiezan a aparecer y las relaciones de poder se pueden filtrar en los juegos entre ambas generaciones.

Las dificultades y posibilidades de los adultos al jugar con los niños:

Cuando se interviene desde afuera en el juego, forzando o exigiendo –aún con mucha sutileza- una modalidad de juego definida, modificando el rumbo del juego, exigiendo un tema específico, estamos frente a una distorsión del juego del otro y por lo tanto, estamos exigiendo que el otro adopte una forma de ser, un desarrollo, un crecimiento que tal vez no responda a las necesidades propias, sino a las ajenas, de aquel que está imponiendo un estilo diferente de juego.

Aquí está uno de los riesgos que se corre cuando solo se apunta a modificar el juego del otro en función del deseo de quien está afuera. Este es el riesgo de manipular el juego, llevándolo hacia objetivos que no son propios de niño explorador. Por eso, se hace necesario también revisar una y otra vez el estilo de intervención de los padres, que siempre tienen ventaja sobre los niños y deben limarlas para poder acceder a este espacio mutuo. Hay momentos, tiempos, situaciones específicas que requieren de la intervención del adulto para favorecer la continuidad del juego, cumpliendo un rol que sostiene, que acompaña, que alienta, que apuesta a que el juego pueda seguir adelante, y con él, crecer y ser. En este sentido, los juguetes que usamos los adultos para interactuar con los niños,  no reemplazan la interacción propia del juego, que permite el placer y la energía lúdica que se va generando en la relación humana.

Si no se logran crear estos espacios, se corre el riesgo de un juego (y por lo tanto de una vida) que no es propia, sino indicada por otro. En este sentido, el juego crea consensualmente las reglas de juego, rompiendo con las imposiciones de las reglas ya prescritas. El juego es un disparador de emociones que enseña la relación entre nuestro cuerpo y la realidad, entre nuestro placer y el de los demás, entre lo que deseamos y lo que podemos, entre el riesgo y la cautela, entre espontaneidad y planificación, entre competencia y cooperación, entre mi perspectiva y la ajena.

VAMOS A JUGAR, CUIDANDO DE:

 

- Entrar en su mundo: Y dejarse llevar por el niño durante el juego, sin perjuicio de poder aportar ideas y pautas que el niño pueda utilizar. Lo importante es que sea el adulto el que se adapte al juego del niño, y no pretenda que éste salga de él, para acomodarse a la realidad de los mayores.

- Sentirse participante: ya que desde la posición del espectador, no podrá entender el juego.

- Ponerse a la altura del niño: “comer” sopa de agua con una cuchara de 10 cm y creernos de veras que somos el lobo o la hija de la muñeca.

- Ayudarles a ejercer su libertad y creatividad: Permitiendo que sean ellos los protagonistas del juego y que sean ellos quienes dirijan el juego y determinen el rumbo.

- Respetar su tiempo de juego con nosotros: Hay que convertir este momento en un tiempo especial, donde no hay sitio para las prisas ni para ninguna otra preocupación.


[1]   Al respecto, recomendamos el interesante vídeo:

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Posteado por: Silvia Ochoa | julio 1, 2012

COMPRENDER LA TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN INFANTIL

Los niños pequeños tienden a ser egocéntricos, a creer que el mundo gira a su alrededor, desean obtener todo lo que quieren, en el momento en que lo quieren. No saben esperar, porque no tienen el concepto de tiempo, ni la capacidad de pensar en los deseos y necesidades de los demás. Por eso, cualquier límite o negativa, la sienten como algo injusto y terrible; no pueden entender por qué no les dan lo que desean. No tienen las herramientas para eliminar, disminuir o tolerar su malestar. Por tanto, es el adulto a cargo, quien debe acompañarlos a aprender a “tolerar” la molestia que supone la espera o la negación de sus deseos.

La falta de tolerancia está relacionada con la idea de que la vida debe de ser fácil, cómoda y placentera todo el tiempo y que es horrible e intolerable sufrir cualquier molestia. La baja tolerancia a la frustración está relacionada con una percepción equivocada y exagerada de la situación que vive y la creencia de que es horrible vivir el malestar y no se soporta. Sin embargo, enfrentar el malestar de la frustración, permite desarrollar fortaleza interior.

 

¿De qué depende que unos niños toleren más sus frustraciones que otros?

De varios factores:

-       De su edad cronológica, los niños mayores generalmente tienen mayor madurez emocional que los pequeños y suelen tolerar más frustración

-       Del desarrollo de sus habilidades emocionales, toleran mejor la frustración los que comprenden y aceptan la realidad, los que reconocen sus emociones y las expresan y los que consideran a los demás pueden ponerse en el lugar de los demás.

-       Depende también de la flexibilidad de pensamiento para cambiar de objetivo o de camino para llegar a él.

-       También de la expectativa generada alrededor del hecho que no se cumple, si el niño  y por tanto la dimensión o cantidad de frustración vivida por el niño.

-       Del umbral de sensibilidad de cada niño y el “volumen” de su respuesta emocional, cuando los niños sienten pocas amenazas y están más confiados en su entorno y no necesitan controlarlo, se frustran menos.

-       Sin embargo, el factor más importante es la forma en que los adultos han actuado al conocer el deseo del niño, siendo desfavorables ambos extremos: cuando los padres han sido fuente de frustración permanente y cuando han intentado complacerlo en todo y evitarle la frustración.

-¿Es cierto que los niños con baja tolerancia a las frustraciones reducen sus habilidades para aprender, para tener amigos y hasta para responder a las demandas de los adultos?

Absolutamente cierto, los niños con baja tolerancia a la frustración rechazan hacer algo nuevo, porque saben que no lo van a lograr fácilmente y evitan confrontar sus limitaciones. El proceso de aprendizaje enfrenta a los niños con situaciones desafiantes que generan ansiedad ya que conllevan ciertos pasos desconocidos. Se necesita seguridad emocional y paciencia con uno mismo para desarrollar la mayor parte de aprendizajes y destrezas que suponen perseverancia y práctica hasta lograrlo. La poca tolerancia a la frustración provoca que, ante cualquier incomodidad, el niño se desmotive y  abandone sus metas y proyectos. Asimismo, se requiere de tolerancia a la frustración para enfrentar las relaciones interpersonales y aceptar los desencuentros y las negativas de los demás. Un niño con poca tolerancia, suele preferir jugar solo para no tener una negativa de los demás. Le cuesta esperar su turno porque quiere todo de inmediato, con frecuencia no acepta la voluntad e iniciativa del otro y tiene dificultades para participar en el juego grupal ya que al no obtener lo que desea, frecuentemente reacciona de manera impulsiva y agrede a los demás por no complacerlo y les atribuye la responsabilidad de su malestar.

-¿De qué manera pueden aprender nuevas reacciones a la frustración?

Tolerar la frustración es una habilidad que debe desarrollarse en la infancia, ello significa  enfrentar los problemas y limitaciones, así como las molestias o incomodidades que nos causan. No se aprende a tolerar la frustración fácilmente, muchas veces es doloroso, pero los adultos deben enseñar a los niños a aceptar la frustración como parte de la vida. No podemos evitarla, pero si podemos aprender a manejarla y a superarla. Es importante ayudarlos a aceptar la realidad, y que en ella, los deseos no serán siempre satisfechos, que el mundo gira en independencia a sus deseos y a su voluntad.

La base del problema no está en la frustración que vive el niño, sino en la actitud ante ellos.

-       Cuando nos demos cuenta que el niño se está frustrando con alguna tarea, intervenga para enseñarle a manejarla: “¿qué podrías hacer en lugar de molestarte o abandonarlo?”.

-       Enséñele a identificar el sentimiento de frustración cuando aparezca y oriéntelo con paciencia: “Estás molesto porque no te ha salido bien, observa porque fallaste, inténtalo nuevamente, tómate más tiempo, hazlo con calma”.

-       Enséñele a relajarse y a respirar con calma cuando las cosas no le salen bien.

-       Indique al niño cuándo debe pedir ayuda. Mientras algunos niños son reacios a pedir ayuda, otros la piden de inmediato y no intentan hacerlo solos. Debemos enseñar al niño a encontrar la solución primero. Se le dirá: “pruébalo otra vez para mí”. Cuando el niño no sepa ya que más hacer, hay que decirle que pida ayuda.

-       Enséñele al niño una forma alternativa de alcanzar el objetivo. Cuando sea posible, se dividirá una tarea en pequeñas partes que puedan realizarse por separado.

-       Recuerde que el “no” también ayuda a crecer, ponga límites, fije normas que le enseñen que limitar sus deseos es parte de su desarrollo personal.

La tolerancia se fortalece, como cualquier músculo, trabajándola y practicando.
Ante ciertas molestias o incomodidades de su niño, no le de siempre solución inmediata, dese  cuenta de que no pasa nada si se siente mal un rato. Todos podemos aguantar un poco de malestar. ¿Es incomodo? Sí, pero el malestar pasa y la recompensa puede ser enorme a largo plazo.

Posteado por: Silvia Ochoa | septiembre 25, 2011

LA PAREJA CON HIJOS

Después de la llegada del primer hijo, la pareja vive una importante transformación en su relación, ya que el interés romántico suele pasar a un segundo plano, para privilegiar el bienestar de los hijos y el ejercicio de la maternidad y la paternidad. Sin duda, este cambio trae complejidad a las relaciones en la pareja, ya que simultáneamente deben acomodarse a nuevas demandas: económicas, afectivas y familiares,  que dejan menos espacio de pareja propiamente.

Los nuevos padres tienen muchas expectativas y temores en relación a esta nueva etapa y al proceso de aprender y demostrar que pueden cumplir con las tareas de este nuevo rol.  Todo ello suele sumar una carga de estrés e insatisfacción frente a las circunstancias que no se pueden controlar, y que afectan el ánimo y  la disposición frente a la vida de pareja.

Al respecto, las parejas con hijos podemos recordar ocasiones en las que justo en el último  momento, el bebé se ensució, tuvo cólico, vomitó, o se inició una pataleta incontrolable, que generó una siguiente discusión en la pareja acerca de cómo se manejaron las cosas, sus desacuerdos  e inevitables reproches.

La pareja con hijos enfrenta nuevos desafíos de crecimiento, por un lado, es fascinante descubrir juntos al bebé y poder disfrutar y comentar cada nuevo gesto. Pero por otro lado, no deja de ser agotador ser padres, ya que la energía física y emocional destinada a la paternidad, deja menos momentos para la intimidad de a dos, especialmente en el periodo inicial de acomodación, en que el cansancio y la falta de sueño, puede hacer que una persona se vuelva irritable y se agobie, ya que tendrá menos energía y no será capaz de concentrarse tan bien y tener paciencia, como cuando podía descansar.

En este periodo hay una alta posibilidad de entrar en el círculo del estrés individual y desconocer el maravilloso poder que puede tener la pareja como fuente de apoyo,  pero sobre todo, existe el riesgo de abandonar el espacio de satisfacción y placer sexual, que dieron origen a la paternidad.

Hace unos años leí un estudio de  seguimiento longitudinal “Changes in the marital relationship during transition to parenthood”  Hidalgo y Menéndez,  2003, realizado a 96 mujeres y hombres durante su transición a la maternidad y la paternidad, los resultados mostraban,  un cierto deterioro de la relación conyugal tras la llegada de un bebé, especialemente cuando era escaso el apoyo emocional recibido del cónyuge, la implicación paterna en las tareas de cuidado del bebé y la satisfacción con el reparto de tareas domésticas eran menores.

Aunque no siempre se pueden atender todos los aspectos, considero con las parejas y familias con las que trabajo la importancia de:

-          Poner atención al riesgo de desplazar a la pareja y excluirla, en atención a los hijos y tomar conciencia de los sentimientos de su pareja frente a ello y sus consecuencias.

-          Hablar acerca de los cambios que está viviendo cada uno: los cambios físicos y hormonales en la madre, así como las preocupaciones económicas y en el nuevo rol del padre. Profundizar en la comunicación parental, también puede fortalecer el compañerismo y estrechar vínculos de intimidad.

-          Evitar que el cansancio y la rutina desplace la relación de pareja. Repartir tareas, evitando sobrecargar y acumular cansancio que les impida pasar tiempo juntos, y tener disposición para la intimidad sexual.

-          Enfrentar los malestares cuando se producen, tratando de explicar a la pareja qué le molesta y qué esperaría que suceda la siguiente vez. Escuchar y dialogar con calma y evitar acumular insatisfacción.

-          Tomar un poco de distancia de la paternidad ocasionalmente. Buscar apoyo familiar o amical  para que  puedan salir en pareja, reencontrar amigos en común o realizar otra actividad conjunta que les permita disfrutar juntos.

Texto completo de la entrevista escrita a Ps. Silvia Ochoa Rivero, preparada para El Comercio 25-09-11 

http://elcomercio.pe/impresa/notas/nuestro-mundo-tres/20110925/1307867

 

 

Posteado por: Silvia Ochoa | septiembre 4, 2011

LA PAREJA Y LOS HÁBITOS SALUDABLES

Ps. Silvia Ochoa Rivero

Entrevista para El Comercio 04-09-11 http://elcomercio.pe/impresa/notas/lo-malo-se-contagia/20110904/1267198

Recientemente la doctora C. Reczek de la Universidad de Cincinnati, presento un estudio que indica que los hábitos insalubres: fumar, tomar, comer en exeso, poco ejercicio entre otros,  son frecuentes dentro de las relaciones de pareja de más tiempo, debido a la influencia directa de los malos hábitos de salud de una de las personas.  http://www.uc.edu/news/NR.aspx?id=14061

¿Hasta qué punto esto es cierto? ¿cómo evitarlo?

Un número considerable de parejas a pesar de haber alcanzado la estabilidad en el tiempo de relación y convivencia, ello no asegura que todo lo que pasa al interior de ella, sea beneficioso para la salud de sus miembros. Aunque el estudio realizado en la Universidad de Cincinnati, corresponde a otra población cultural, mi observación clínica coincide con los hallazgos generales, siendo interesante tomar en considerar que, a mayor cantidad de tiempo en la pareja, el interés por acomodar sus preferencias y negociar declina, y se consolidan patrones cotidianos que se hicieron dominantes a lo largo de la vida de la pareja, volviéndose más rígidos y difíciles de cambiar: el tipo de alimentación preferida, el café, el ejercicio, etc.

Otra tendencia en las parejas estables, es la atribución externa de lo que reconocen incorrecto. Muchas parejas dicen por ejemplo que no cocinan saludable o hacen poco ejercicio porque a su pareja no le interesa y no valora estas prácticas. De esta manera quienes viven en pareja tienden a justificar sus hábitos por la rutina y los malos hábitos del otro.

¿Es un tema de carácter, de juego de poder dentro de la pareja o es algo inevitable?

En las parejas saludables existe una interdependencia de uno con el otro, que pone a ambas partes en una condición de tránsito entre una zona de influencia y una zona de autonomía. En este tránsito se debe buscar un cierto equilibrio para que la pareja no quede atrapada en una relación asimétrica o dominante. Lo ideal es que cada miembro en la pareja sea considerado en sus preferencias y respetado, pero no copiado indiscriminadamente por su pareja. El problema es que los hábitos saludables implican muchas veces voluntad y constancia y eso es más difícil de lograr si el o la compañera no contribuye en este sentido. Es muy conocido como el esfuerzo de hacer dieta de un lado, requiere de cierta colaboración de la otra parte ya que se comparten Los momentos de alimentación. No es inevitable la influencia de los malos hábitos en la pareja, pero requiere de independencia, madurez en la relación y autocuidado, tratar de conservar hábitos saludables si la pareja no está interesada en practicarlos.

La conclusión de que uno de los dos es una mala influencia directa ¿se puede convertir en una ‘influencia’ positiva? ¿Cómo hacerlo?
Estoy convencida de que la pareja también puede ser una buena influencia, esa es la apuesta más interesante de la vida en pareja, la del crecimiento conjunto, y creo que cuando uno hace una elección de pareja, lo saludable es buscar una influencia positiva en su vida y tratar de influir positivamente en ella, aunque respetando su determinación. La pareja puede ser fuente de apoyo y estímulo, especialmente cuando una de las partes no asume una actitud de excesivo control frente a determinados hábitos sino que crea ambientes propicios para la salud, no represivos ni rígidos. Por ejemplo, la esposa no tiene que esconder los postres, pero no los prepara con tanta frecuencia y pone fruta a disposición. El esposo no esconde los chocolates, pero promueve salir juntos a trotar.

¿Qué consejo darías a las parejas jóvenes que emprenden un proyecto de vida en común?
Que conversen de los hábitos y de las preferencias que trae cada uno de ellos, que proyecten y planifiquen su vida en común, para que ambos establezcan hábitos de alimentación y salud ya que con ella se construye una rutina y se comparte la vida cotidiana.

Posteado por: Silvia Ochoa | agosto 28, 2011

Identidad sexual y estereotipos en la educación infantil

Ps. Silvia Ochoa Rivero

Entrevista realizada para El Comercio http://elcomercio.pe/impresa/notas/formacion-identidad/20110828/1259647

¿Qué es la identidad de género?
Es el reconocimiento de uno mismo en tanto varón o mujer,  se trata de un proceso que está basado en dos componentes que se integran: uno biológico y otro psicológico. El primero se refiere a las características de los cromosomas, las hormonas y los caracteres sexuales internos y externos, mientras el segundo, al trato asignado por el entorno desde la primera infancia, en correspondencia con la apariencia genital externa.  El aspecto genital desencadena la adjudicación de un nombre, un sexo legal con el que se inscribe el acta de nacimiento y un trato diferenciado masculino o femenino, con el que inicia su relación con el mundo, ello repercute en la formación de su identidad, ya que influirá en su pensamiento y su conducta. Sin embargo ello puede ser fuente de error en muchas situaciones.

¿Cómo se forma la identidad de género en la infancia?

La formación de la identidad de género se inicia en la primera infancia con el desarrollo del concepto de sí mismo o sí misma y con el descubrimiento y actitud hacia el propio cuerpo, siendo el aprendizaje social, el factor más importante en la configuración de género. Cuando el niño o la niña se separan de la madre empiezan a descubrir quiénes son, cómo es su cuerpo y cómo es el cuerpo de las y los demás, lo que puede o no hacer su cuerpo, y lo que su entorno espera que haga o deje de hacer, está reconociendo rasgos de esta identidad. “Soy varón o soy mujer” es una afirmación que se espera que los niños logren antes de los dos años de edad y que se mantenga estable. Sin embargo, el conocimiento que tiene el niño o niña de su cuerpo y de su sexo cambia con la edad en correspondencia con su desarrollo intelectual y el desarrollo de su subjetividad, su deseo, su fantasía. Las niñas y los niños menores de tres años tienen una visión muy sencilla del género. Ellos pueden creer que basta con ponerse una falda y peluca, para que un hombre se transforme en mujer. El niño o niña aprende primero el rótulo de niño-niña de la misma manera como aprende los nombres para silla, mesa, juguete, etc. Luego aprende otras características que le dirán cuándo una persona es hombre o mujer, incorporando las diferencias genitales hacia los cinco años. Posteriormente, cuando ha llegado a cierto nivel cognitivo, comprenderá que el género es una característica permanente, en este momento estará en condiciones de advertir mediante la observación y la imitación, que hay determinadas conductas esperadas para uno u otro sexo, de la misma manera en que aprenderá a valorar y rechazar determinadas conductas y a determinadas personas que no se ajusten al estereotipo sexual, especialmente si los modelos adultos lo hacen.

Son muchas las situaciones en que no hay correspondencia entre el comportamiento de un niño o niña y lo que espera en su medio sociocultural en relación al género asignado y algunas sociedades como la sueca, han empezado a cuestionar la prematura adjudicación del rol sexual a los infantes a quienes se les quiere dar mayor libertad para formar su identificación con lo masculino o femenino, dado que los individuos no nacen hechos psicológicamente como varones o mujeres, sino que la constitución de la masculinidad o de la feminidad es el resultado de una construcción producto de la interacción con el medio familiar, escolar y social, proceso que desemboca en la identidad sexual, considerada como una serie de sentimientos, percepciones, actitudes a nivel profundo por las que el varón y la mujer se sienten y aceptan como tal. Ello ha sido materia de polémica en la reciente experiencia de Egalia. Ver: http://www.stockholm.se/-/Serviceenhetsdetaljer/?enhet=f90dc7c3daa948da9190e3789c768ac4

-¿Qué puede pasar si evitamos que los niños pequeños se formen una identidad de género “social”, como mencionan en el nido sueco de Egalia?
No creo que dejen de formar una identidad de género social, porque van a seguir socializando, es decir interactuando con los que se parecen a ellos y con los que son diferentes y desarrollarán una forma de comprender sus propias preferencias, aquí el componente biológico también hará su parte en cuanto a las características de género, sabemos que hay una serie de comportamientos universales que suelen diferenciar a varones y mujeres en distintas culturas. Lo que es probable que suceda, es que estén menos presionados a comportarse de acuerdo a las expectativas sociales tradicionales, estarán menos marcados por los estereotipos de género, como suele ocurrir en la educación inicial tradicional en nuestro país, es decir los niños podrían sentirse menos comprometidos con la subjetividad de los adultos para seguir sus creencias acerca de los colores, juegos, personajes, actitudes, intereses, capacidades y comportamientos que suelen entenderse como propios de varones o mujeres. Sin embargo, la conciencia e identidad de género permite un orden en la comprensión social durante la infancia que facilita el aprendizaje de roles sociales. El género estructura y organiza la subjetividad en formación, pero si ambos géneros aprenden a comportarse mostrando rasgos adjudicados típicamente a varones o mujeres su capacidad y desarrollo personal se amplifica.

-¿Te parece que esa tendencia en Suecia es algo que se va a expandir en otros países?
Me parece que hay una tendencia hacia la androginia, que va tomando mucha fuerza y sobre el que es interesante reflexionar, para que no sea el seguimiento de una “moda” que acentúa en la ambigüedad, pero que al hacer más débil la frontera entre géneros, podría desorientar las relaciones interpersonales intergeneracionales que son las que se dan en la escuela y los niños puedan ir a la deriva y descalificar a los modelos adultos desde tempranas edades.
Sin embargo, en cualquier contexto, incluso el contexto que pretende presentarse como neutral, el sujeto va construyendo una idea de sí mismo como perteneciente a uno otro grupo de asignación sexual atendiendo a estos elementos. Esta identificación impregna muy diversos ámbitos de su vida, desde su comportamiento a su manera de razonar o pensar.

-¿Qué otras formas (aparte de la adoptada por el colegio sueco) hay de motivar en los niños la igualdad de género, de raza, etc.?
- Reflexión acerca de un modelo educativo con igualdad e oportunidades para niños y niñas.
- Identificar el papel del educador y educadora dentro del proceso de desarrollo de identidad
sexual.
- Revisar las expectativas de acerca del comportamiento de los niños o niñas y evitar sancionar o comportamientos estereotipados, por ejemplo, cuando las niñas no son obedientes o no se muestran socialmente maduras según lo esperado, son percibidas negativamente por los profesores que los niños que actúan de igual manera.
- Permitir igualdad de oportunidades a ambos géneros en el juego, el desarrollo de capacidades intelectuales, afectivas y sociales, incidiendo en el respeto por las características particulares de cada persona y sus diferencias consigo mismo.
- Desarrollo de la empatía, es decir de la capacidad de ponerse en el lugar del otro.

Posteado por: Silvia Ochoa | agosto 17, 2011

La seguridad en la escuela y el derecho a la intimidad

Cuando nadie me ve puedo ser o no ser

Ps. Silvia Ochoa Rivero

En estos días en que “la seguridad de las personas” está en la agenda pública, institucional y familiar,  se habla con más vigor de las acciones preventivas que pueden evitar la violencia en todos los ámbitos. Muchas son las escuelas que han tomado medidas y para ello, han adquirido o están presupuestando cámaras de seguridad para filmar, no sólo la entrada del colegio y las amenazas externas a sus alumnos, sino también los patios, las aulas y hasta la entrada de los baños.

Personalmente veo con inquietud esta medida. No concuerdo con los docentes y padres de familia que las promueven, pero respeto y comprendo su preocupación por la violencia en la escuela y la necesidad de identificar  a los responsables de una acción de bullying por ejemplo y que ella no quede impune.

Sin embargo me queda la pregunta, ¿qué se resuelve con el control externo?, ¿qué lugar tiene esto en la formación de la personalidad ética?, ¿qué más queda por hacer?. Las escuelas, lugares de formación, ¿van a renunciar a formar una moral autónoma en sus alumnos?.

Hace unos días conversaba con estudiantes de secundaria de uno de estos colegios en que ya se han implementado estas cámaras por doquier, y ellos mismos afirmaban que si ellas no estuviesen, actuarían de otra manera, el control externo si funciona, se puede “actuar para las cámaras“. Sin embargo, ellos mismos señalaban que aprovechan de las “zonas liberadas de cámaras” para trasgredir las normas escolares, “cuando nadie me veo puedo ser o no ser“, como dice la canción.

Me deja inquieta también la sensación de omnipresencia de los adultos, los que todo lo saben, todo lo ven, los  que vigilan y controlan y con ello preservan el buen comportamiento que queda regulado. Pero en el Perú, ¿qué regulaciones existen para respetar el espacio privado de las relaciones interpersonales, para el derecho a la intimidad de las personas, no sólo adultas sino escolares en inicial, primaria y secundaria?.

En Argentina, el tema regulatorio ya está en debate y hay mucha controversia, creo que es saludable que exista, y que de la reflexión y del respeto, se generen criterios más amplios basados en el interés en el desarrollo de las personas y una sana convivencia entre ellos.

Los invito a ver informarse acerca del reciente rechazo de las cámaras en las escuelas de Buenos Aires.

Posteado por: Silvia Ochoa | julio 11, 2011

JUNTOS TRAS LA SEPARACION FAMILIAR

¿Qué sucede cuando los padres que dejaron el país en busca de un mejor futuro y encargaron el cuidado de su hijo recién nacido a los abuelos y tíos deciden regresar luego de varios años para reencontrarse con los suyos y llevarse al menor? ¿Qué dificultades o temores enfrenta el niño ante la reagrupación familiar?

Entrevista a Silvia Ochoa, resumida en El Comercio Lunes 11 de julio del 201

Ver    http://elcomercio.pe/impresa/notas/vinculos-primera-infancia/20110711/851816

A los padres les asiste el derecho a volver por el niño, pero ¿qué sucede con el menor?, ¿un mes es suficiente para el reencuentro con los padres y viajar a un nuevo entorno?
No lo creo, no se puede cubrir cinco años de ausencia en un mes de intercambio. La adaptación es un proceso, requiere de experiencias en el tiempo, el niño debe conocer a sus padres, para sentirse seguro de su cariño, mucho más después de haber sido encargado a la familia. Los padres deben de conocer a su hijo para poder comunicarse con él y entregarle un afecto saludable, ya que es posible que en su intento de recuperar el tiempo perdido, traten de complacerlo todo y llenarlo de regalos materiales para compensar su ausencia, ganarse su cariño y sentirse menos culpables, cuando lo fundamental es lograr un acercamiento respetuoso, no atropellarlo con la velocidad de los padres ni tratarlo como un objeto que se encarga y se recoge. Todo ello requiere tiempo, pero el hecho que retornen es importante, aunque se hayan perdido de su primera infancia.

¿Qué tan importantes son los vínculos durante la primera infancia?
Los vínculos afectivos en la primera infancia son fundamentales ya que estructuran y organizan la personalidad, dejando un impacto afectivo muy profundo. Los vínculos se construyen en el contacto cotidiano entre padres e hijos y su continuidad o discontinuidad puede afectar el equilibrio y desarrollo emocional. De ahí la importancia de preservar el vínculo de la madre biológica, pero también el vínculo que este niño ha establecido con su familia, que ha asumido el rol de “padres sustitutos del niño”, ya que él conoció el mundo a través de esta familia.

¿Cuál es el impacto emocional y psicológico en el menor?
Hay dos impactos importantes en esta situación en relación a sus padres biológicos. El impacto de la separación y el impacto del encuentro. Los padres “decidieron la separación”, por las circunstancias que explican, delegan a la familia su responsabilidad de atención de todas las necesidades de su bebé, para ocuparse en la distancia de proveer recursos económicos para su manutención. Esta acción tiene un impacto muy fuerte en el desarrollo afectivo del niño, es una separación forzada para el niño, difícil de sobrellevar. La separación temprana con sus padres, supone un sufrimiento emocional para el niño, que sin bien es compensado por la familia extendida, se ve limitado en una serie de aspectos como la lactancia. Asimismo se generan vínculos de apego y seguridad emocional con los tíos y abuelos como producto del acompañamiento en las tareas del crecimiento. En este sentido, también existe un impacto en la familia que establece un vínculo y se encariña con ese niño porque lo ve crecer y acompaña su desarrollo en ausencia de los padres biológicos, ello implica un compromiso emocional de ambas partes.
En cuanto al impacto del encuentro, este es un momento especial, que debe ser preparado y cuidado, ya que el lugar de los padres ausentes, recién se empezará a cubrirse con el encuentro entre ellos.

¿Cómo debe ser el acercamiento con los padres, acaso progresivo? Pautas para preservar la estabilidad emocional del niño
La familia que ha estado a cargo del niño tiene la confianza de él y la manera en que ellos le hablen del encuentro con sus padres va a facilitar o dificultar el mismo. Sería conveniente hablarle con sencillez y buen ánimo acerca del encuentro que se va a producir. Dejarlo expresar su emociones positivas y negativas, sus temores, sus expectativas sin calificarlo bueno o malo, solo alentarlo a conocer a sus padres. Evitar forzar el afecto, es probable que pasen por un breve periodo de “luna de miel”, pero el verdadero vínculo se construye cuando se puedan enfrentar tanto a las alegrías, como las dificultades. También será importante que el niño viva la armonía entre sus seres queridos y no sentirse “tironeado” por ambas partes pues se le complicaría más el acercamiento. En este sentido los padres no deben desautorizar o criticar a la familia sino más bien expresar su agradecimiento frente al niño. Será bueno que pasen algunos momentos juntos y progresivamente pasen momentos sólo con los padres.

Cuando al niño le plantearon ir a Italia con sus padres, él accede siempre y cuando viaje con sus abuelos y tíos y retorne a su casa en breve. ¿ ¿cómo deben manejar esa situación tanto los padres como los familiares que rodean al menor?
Son varios los entornos a los que debe adaptarse paralelamente, cada uno de ellos implica una pérdida y un cambio de su situación anterior. El niño debe hacer nuevos aprendizajes sociales, verbales y afectivos simultáneamente. En el entorno afectivo: dejar a su familia grande y empezar el conocimiento mutuo con sus padres, su manera de tratarlo y su nueva organización familiar. El entorno sociocultural: a los cinco años tiene ya un desarrollo verbal en castellano que no podrá usar en situaciones cotidianas con otros niños para jugar.

En este sentido puede ser importante escuchar al niño y considerar la posibilidad de que viaje con algún miembro cercano de su familia extendida, de tal manera que sea un puente entre estos dos mundos y no se establezca otra ruptura temprana. Ello facilitaría que progresivamente acepte la idea de una nueva casa con sus padres.

Finalmente, si los padres deciden llevárselo, ¿cuáles serían las consecuencias de llevárselo son la debida preparación? ¿dejaría secuelas psicológicas de por vida?
Llevarlo sin la debida preparación me parece provocar una acción situación de riesgo que puede ser contraproducente para el niño, pero también conflictiva para sus padres y la familia extendida. Creo que si bien las secuelas pueden ser trabajadas en la adolescencia y adultez, la reparación suele dejar huellas.

En la situación presentada los padres privilegiaron hace cinco años factores económicos sobre los vínculos afectivos y posiblemente desconocieron las implicancias de esta “separación forzada” para el niño. Esto es algo que ahora debe cambiar pues el dinero del trabajo es necesario, pero no compra el afecto y la atención de calidad. Ello implica poner el beneficio del niño por encima de todo y dedicarle el tiempo de la ausencia, evitando que en el primer tiempo pase muchas horas fuera del espacio familiar que necesita descubrir y disfrutar.

Posteado por: Silvia Ochoa | enero 2, 2011

DESENCUENTROS CON LA PAREJA DE LA MADRE

Ps. Silvia Ochoa Rivero

Entrevista preparada para El Comercio 02-01-11

http://elcomercio.pe/impresa/notas/mama-no-me-gusta-tu-novio/20110102/692615

 

1. ¿Cuáles son las actitudes por parte del padrastro o novio de la madre que pueden hacer sentir incómodas a las hijas?

Las hijas en la adolescencia necesitan independencia, mientras la nueva pareja de su madre puede querer estrechar vínculos familiares, ellos pueden ir en sentidos opuestos y puede ser particularmente incómodo:

- Que quiera forzar situaciones familiares sin haberse ganado la confianza, ya puede ser entendido como intromisión.

- Que trate de imponerse como nueva autoridad sin respetar los roles y procesos familiares.

- Que no considere los límites de la proximidad física y se muestre un tanto “confianzudo”.

- Que asuma un rol muy protagónico en espacios sociales y familiares.

- Que lance piropos o demuestre actitudes de celos hacia las hijas.

 

 

2. ¿Cuál debe ser la reacción de las chicas en esos casos? (Hacer caso omiso, tomarlo con humor, etc)

Una de las habilidades sociales que las adolescentes deben utilizar es la asertividad, decir lo que siente sin agredir, poner límites a los demás en las relaciones que establecen con ellas. Es decir, si se sienten incomodas por el trato que reciben de los varones en su entorno, es importante que defiendan su derecho a ser bien tratadas, especialmente si perciben que hay algo fuera de su lugar o se están propasando. En estos casos es importante explicar la incomodidad sin violencia y de preferencia en presencia de una tercera persona que pueda apoyarla. Hacer caso omiso o tomar con humor una actitud incómoda, puede ser contraproducente ya que el humor puede traer  ambigüedad y “quien calla otorga”.

 

3. ¿Qué pasa si la madre no nota estas situaciones? Por ejemplo, que el hombre tenga un sentido del humor un poco grosero, que sea muy mandón, que se atribuya un rol paterno que no le toca, etc.

Lamentablemente hay madres que tienen dificultad para ser empáticas con sus hijas y advertir los riesgos que atraviesan, o que por su condición de enamoramiento con su nueva pareja no perciben inmediatamente  la situación de incomodidad en el trato que reciben y pueden creer que se trata de exageración o rebeldía adolescente de sus hijas. Sin embargo, si son alertadas por ellas u otras personas de su confianza pueden reaccionar positivamente, revertir la situación y ordenar las relaciones. Para ello hay que apelar a su sentido y capacidad de protección y de amor materno.

 

4. Las situaciones de índole sexual: ¿qué hacer cuándo sientes que la pareja de tu madre se siente atraído hacia ti? ¿qué ocurre si no tienes ninguna prueba?

Al llegar la pubertad, las chicas irradian un atractivo sexual que los hombres del entorno aprecian y  les atrae, hasta allí no hay dificultad. El problema está cuando ellos no son capaces de manejar esta situación y pasan de la atracción al deseo y del deseo a la acción.  El otro problema está cuando la joven adolescente busca afecto y se siente importante por el trato preferencial que recibe de parte de la pareja de su madre que muestra interés en seducirla. En estas circunstancias,  un agravante puede ser la distancia en la comunicación entre la madre y la hija y la dificultad de esta última para DECIR NO a los avances de la pareja de la madre.  Lo mejor sería advertir esta situación antes y prevenir los riesgos de que las adolescentes sean acosadas por alguien de confianza de la familia. Muchas veces es difícil “tener pruebas” de estos hechos porque se disfraza la verdadera intención de seducción. Recordemos que las cifras de abuso sexual en la infancia y adolescencia reportan a miembros de la propia familia o personas de confianza como los abusadores más frecuentes.  Por todo ello,  es importante que las adolescentes no se queden calladas y tomen distancia de estos avances, evitando dar pie a situaciones que las van a perjudicar emocionalmente.

 

5. Confrontar a la madre: si ya le expusiste tu incomodidad y ella no le toma importancia ¿cómo reaccionar o a quién recurrir?

Si la madre no asume una actitud activa de protección a su hija es importante no darse por vencida y buscar otra persona de autoridad en la familia extensa o acudir a las instituciones de ayuda, consejo  y protección. Todo ello puede ser preventivo de una situación de acoso. En todo caso evitar el silencio por el temor a crear un conflicto en la familia. En mi experiencia de trabajo con adolescentes que han sido abusadas por un miembro de su familia, la mayoría de ellas sentía vergüenza de decir lo que les sucedía y no querían causar nuevos conflictos en su familia y se sacrificaron emocionalmente, situación a la que nunca se debe llegar.

 

 

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