Bullying entre mujeres

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“A pesar de ser una alumna cumplida y tratar de ser amable con sus compañeras, Cecilia pasa sola los recreos y sus amigas de antes la ignoran, ya no la invitan a jugar y percibe que hablan a sus espaldas. Ella se siente desconcertada porque esta actitud comenzó cuando la maestra la felicitó en clase. Ha empezado a poner excusas para no ir al colegio para evitarlas. Cree que si habla con la profesora la reacción de sus compañeras va a ser peor”.

¿Por qué las relaciones entre mujeres son tan intensas?

Las relaciones entre mujeres no son tan fáciles ni están tan desproblematizadas como nos gustaría, detrás de su apariencia de amistad, es posible encontrar un sinfín de embrollos emocionales, de efectos devastadores para las relaciones de unas mujeres con otras. Muchas mujeres descubren con dolor sus sentimientos de competencia y de envidia, pero que éstos: “parecen demasiado feos, demasiado inaceptables para hablar de ellos”, y terminan por generar una culpa paralizante.

Las mujeres son educadas para desarrollar unas “antenas emocionales”, que les permiten tomar conciencia de los sentimientos y necesidades de los demás. Esto sería muy positivo, sino fuera porque las mujeres pagan un alto costo personal por aprender a postergar sus deseos e interiorizan que hay actitudes que deben rechazar, como tener iniciativa, ser autónoma y sobresalir entre los demás. De hecho, estas actitudes no se estimulan en la mayoría de las mujeres, a pesar de los muchos cambios que se han dado en la condición femenina. En otros casos, percibir las emociones de las demás también es un arma para atacarlas, porque se conoce la vulnerabilidad, y disminuida la competencia de la mujer que sobresale, se puede aliviar la sensación de ser opacada por las cualidades de otra mujer.

“Las mujeres necesitan el apoyo y el permiso de las demás mujeres para lograr la autonomía y la autorrealización que persiguen”. [i]En el estudio desarrollado con mujeres de distintas edades, se observó que no obstante, mantener la solidaridad con otras mujeres al tiempo que se aprende a convivir como seres independientes representa un enorme desafío a la psicología femenina, pues esto genera una fuerte tensión entre el impulso de evitar a exponerse públicamente, porque genera conflictos con las demás, y el impulso de diferenciarnos, que se vuelve más fuerte en la medida en que hay más mujeres dispuestas a hacer realidad sus sueños.

Envidia y competencia entre mujeres

Al contrario de lo que suele pensarse, las mujeres no son más envidiosas y competitivas que los hombres. Lo que sucede, es que la mujer puede tener problemas para reconocer sus propias necesidades y deseos, “se asusta” cuando ve que otra mujer sí es capaz de hacerlo. La envidia femenina es una muestra de: “hasta qué punto las mujeres viven sus anhelos y deseos en forma conflictiva”, No es tanto el que las mujeres sean envidiosas, sino que la envidia sirve para inmovilizarnos”, es decir, para perpetuar el viejo pacto según el cual “calladitas nos vemos más bonitas”. Reconocer que a la mayoría de las mujeres no se les permite mostrar sus emociones negativas y su desarrollo pleno, nos permite entender por qué la realización de una mujer, puede ser vivida como una traición por parte de otra.

El sentimiento de envidia suele ir acompañado también de impulsos de competitividad, los cuales pueden ser una manifestación de sentimientos de insuficiencia y falta de confianza, aunque también pueden ser un signo de salud mental, pues pueden estar expresando: “la energía que impulsa a las mujeres hacia la vida, hacia la autorrealización, hacia la diferencia y el derecho a ser ellas mismas”. Así, la competencia entre mujeres puede adquirir tres formas: (1) una lucha por el reconocimiento externo, (2) la competencia como forma de encubrir sentimientos de insuficiencia, y (3) la competencia como parte de un intento para establecer una identidad separada. Esta última forma de vivir la competencia es sana en la medida en que nos ayuda a autoafirmarnos y a ser distintas, pues a final de cuentas todas tenemos derecho a aspirar al reconocimiento, a luchar por realizarnos y a ser vistas como seres individuales, Se trata, de tomar el ejemplo de quienes han logrado cosas que nos gustaría alcanzar para aprender de esa experiencia y satisfacer nuestros anhelos personales[ii].

 ¿Por qué las chicas se hostigan unas a otras?

Nuestra cultura niega a las mujeres el acceso al conflicto abierto y conduce su agresión a formas no físicas: la exclusión, los rumores, los apodos y la manipulación para infligir dolor psicológico.

Las mujeres se esconden bajo un manto de dulzura para herirse unas a otras en secreto. Algunas niñas se comportan como ángeles delante de los maestros, y cuando hacen algo malo los maestros no lo creen porque nunca las han visto hacerlo. Las mujeres suelen atacar dentro de redes de amigas muy cercanas, volviendo la agresión más difícil de identificar e intensificando el daño a las víctimas. Es algo que conocen mujeres de todas las edades. Casi todas hemos sido testigos, víctimas o agresoras.

“Veinte años después de terminado el colegio en la reunión de ex-alumnas, no todos los encuentros son de alegría, todas quieren sobresalir, brillar, hablar, mostrar sus logros, ser reconocidas. El único problema, es que para ello, todavía se intenta opacar y hablar sutilmente mal de las demás con algún comentario mordaz”.

Manejando tus sentimientos

Es casi imposible que una mujer no haya tenido nunca sentimientos de envidia o competencia hacia otra, aunque el problema radica justamente en reconocer esos sentimientos y abrir un espacio para reflexionar sobre ellos. Debido a que nos han enseñado a negar nuestros deseos, a las mujeres nos resulta muy difícil admitir los sentimientos de envidia y competencia, pero aceptar esos sentimientos nos da una dimensión más real de lo que en realidad somos.

Tratar de hablar con franqueza con las amigas o compañeras de trabajo que nos generan esos sentimientos, puede ser complicado porque no estamos acostumbradas a este ejercicio, pero es preciso hacerlo porque si no sacamos a la luz nuestras diferencias, nunca saldremos del vínculo de fusión que nos ha inmovilizado durante tanto tiempo.

Un ventaja adicional que plantea hablar con claridad de estos temas es que podemos salvar relaciones que de otra forma podrían desaprovecharse y, a veces, perder una buena amiga o una colega en el trabajo puede ser mucho más costoso en términos emocionales que perder a todo un equipo. La empatía es una buena aliada en estos casos.

Hay que tener presente que las mujeres estamos construyendo nuevas formas de relacionarnos entre nosotras, pero también con el mundo, lo que significa que en la actualidad no todas tenemos las mismas opiniones o expectativas sobre una serie de temas típicamente “femeninos” como las relaciones con los hombres, la familia, la crianza de los hijos, etc. Comenzar a aceptar las diferencias de opinión en los asuntos privados y también en el trabajo nos ayudará a fortalecer nuestra individualización, de la cual depende que logremos lo que nos hemos propuesto en la vida.


[i] Simmons Rachel (2006) Enemigas íntimas. Agresividad, manipulación y abuso entre las niñas y las adolescentes. México: Oceano.

[ii] Susie Orbach y Luise Eichenbaum, Agridulce: El amor, la envidia y la competencia en la amistad entre mujeres. México: Grijalbo.

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